Por Fausto Triana, extraída de Faustotriana.com

Tal vez la idea original se concibió como un espacio cultural, con artesanía, pintura y música en los adornos de bares y restaurantes en el barrio Bellavista, una de las zonas más bohemias de Santiago de Chile.

Pero las musas no andaban desperdigadas sin rumbo. Y la idea de hacer en el país más austral del mundo un rinconcito con la mística de Montmartre, tampoco partía de bases demasiado fantasiosas.

Mucho antes de que el ahora emblemático Patio Bellavista existiera, ya Violeta Parra, la irrepetible autora de Gracias a la vida, se había convertido en la primera artista latinoamericana en exponer en el sacrosanto Museo del Louvre de París.

Oleos, arpilleras y trabajos en papel maché fueron instalados en 1964 en una de las catedrales mundiales del arte. Para entonces ya Montmartre era paraíso inspirador de Renoir, Picasso, Van Gogh (…), cuna de la vida díscola y apasionada de Edith Piaf, jolgorio de la gracia del pincel popular de Toulouse Lautrec.

Violeta Parra tiene su museo a poca distancia del Patio Bellavista y en la misma zona, existe una original casona con música típica chilena y excelente comida llamada De Pablo a Violeta.

Pablo Neruda, por supuesto, el autor de Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, otro de los referentes del proyecto con La Chascona, una de sus residencias, también enclavada en esta área del corazón de la capital chilena.

A Neruda le hubiese encantado el proyecto del Patio Bellavista, que sin proponerse un calco mimético, se consolida como ensayo al estilo de Montmartre.

La pluma apasionada de Los versos del Capitán, seguramente transitó por el barrio en compañía de su Matilde Urrutía, cuya cabellera frondosa le granjeó el nombre de Chascona por el Premio Nobel de Literatura.

-PETIT PARIS

Bellavista es sitio de muchedumbres cotidianas proclives a la música, teatro, cine, restaurantes y exposiciones. De jóvenes estudiantes e igualmente, escenario de varios símbolos culturales e históricos de la urbe, como el cerro San Cristóbal.

A pocos metros, el barrio Lastarria, una postal más íntima del glamour de antaño de Santiago, el Centro Gabriela Mistral y el cerro Santa Lucía.

En un concierto más abarcador y a la vez concentrado en un proyecto cultural, social y de gastronomía, fue creado en 2006 el Patio Bellavista que recibe nada menos que a 750,000 personas por mes y más de ocho millones de visitantes al año.

Un 25% son turistas extranjeros y la variedad de ofertas es significativa: comida chilena, argentina, china, japonesa, colombiana, peruana, internacional y especializada en pescados y mariscos.

Germán Navarro, comunicador del Patio Bellavista, es la enciclopedia viva del proyecto y uno de sus más entusiastas promotores.

Al vuelo, aparecen desde un barman que estudió teología y se convirtió en un mago de los cocteles, hasta un hotel (The Hip) casi secreto agazapado en el entorno.

Dentro de ellos, Barrica 94, es una explosión de sabores con acento chileno pero de corte gourmet. A toda la variedad de piscos, cervezas y bebidas espumantes, una de las mejores cartas de vinos de Santiago, con más de 400 bodegas.

Para no divagar, exquisitas empanadas, Carpaccio de Wagyú y el extraordinario Tartare de Atún rojo, con pistachos y salsa de maracuyá, de entrantes. De plato principal, Garrón de Cordero con salsa Carmenere (vino) o pasta con mariscos, por sólo mencionar algunas delicias.

Barrica 94 es una especie de milagro que nació de una venezolana radicada aquí hace 21 años y de su esposo, ambos amantes de vinos y cocina de alto rango. Los platillos son un juego seductor con el paladar.

Del vino, para las grandes ligas, un Chateau Margaux Premier Grand Cru Classé 2012 y varios Saint Emilion de las exquisiteces de Francia, junto con un arsenal de máximo nivel de Chile.

Navarro detalla que el concepto partió de obtener un espacio para facilitar el diseño y establecimiento de tiendas de artesanías, galerías y otros lugares de promoción cultural, con la Plaza Mayor en el centro.

-La idea es que a la usanza de Montmartre de París, interactúen los artistas, los teatros, la música del barrio y después otras opciones. Son esenciales aunque complementarios los restaurantes que igualmente incorporan actividades culturales.

-Trabajamos con 100 artistas visuales -30 de ellos con sus talleres y sus casas en el barrio-, y en muchas de las presentaciones que hacemos están ellos con sus aportes. Hay 22 salas de teatro, siempre se suceden las iniciativas y actividades, de lo nuevo, que sigue el ámbito bohemio, las tertulias.

-Están las terrazas, la gente que está aburrida de trabajar y viene en busca de otros aires (…) y luego abrimos la mayor parte de los días hasta las cuatro de la madrugada y a cualquier hora se puede venir a comer, a relajar (…).

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